Contar con una buena salud auditiva resulta imprescindible para el bienestar diario de una persona. Perder audición y sufrir la desconexión de nuestro entorno puede resultar desalentador.
La pérdida de audición no es algo exclusiva de las personas mayores, además, no solo provoca dificultades en la persona para poder oír con normalidad. Escuchar a un volumen alto la música con auriculares, los conciertos en los que nos exponemos a un alto nivel de decibelios durante un periodo prolongado, no tratar de la manera adecuada las enfermedades del oído o los efectos de la contaminación acústica en las grandes ciudades representan un claro peligro para nuestra salud auditiva.
Se considera como pérdida de audición el momento en el que una persona es incapaz de oír en un umbral de audición en ambos oídos superior o igual a 30 decibelios.
Está clasificada en cuatro tipos: leve, moderada, grave o profunda, afectando a uno o ambos oídos, con una clara dificultad para seguir una conversación o escuchar sonidos fuertes.
Cuando la audición está clasificada entre leve y grave, el uso de audífonos, implantes cocleares y otros dispositivos pueden mejorar notablemente la comunicación.





